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El Conductor

1-       La seguridad de los pueblos a mi mando es el más sagrado de mis deberes.

2-       Mi vida es lo menos reservado que poseo; la he consagrado a vuestra seguridad; la perderé con placer por tan digno objeto.

3-       Primero es ser que obrar. Las armas nos dan por ahora la existencia. Asegurada ésta por los esfuerzos militares, podremos entonces dedicarnos al interesante cultivo de las letras.

4-            Es cierto que tenemos que sufrir escasez de dinero, paralización del comercio y agricultura, arrostrar trabajos y ser superiores en todo género de fatigas y privaciones; pero todo es menos que volver a uncir el yugo pesado e ignominioso de la esclavitud.

5-            No perdonaré sacrificio que conduzca al restablecimiento de nuestras pasadas desgracias, siguiendo constantemente las huellas de dignidad y de prudencia que ha dejado estampadas en su marcha gloriosa el pueblo, cuyos solemnes votos me han constituído.

6-            La unión y la confraternidad, tales serán los sentimientos que hayan de nivelar mi conducta pública cuando se trate de la dicha y de los intereses de los otros pueblos.

7-            El genio del orden y el acierto presiden las deliberaciones del pueb lo de Mendoza.

8-            La moderación y la buena fe, tales los fundamentos sobre los que apoyo mis esperanzas de ver estrechados los vínculos sagrados que nos unen, y de no aventurar un solo paso que pueda romperlos o debilitarlos.

9-            Mis necesidades están más que suficientemente atendidas con la mitad del sueldo que gozo.

10-         Si es un deber de los magistrados para conservar la tranquilidad pública, separar de entre los buenos ciudadanos a los que por su interés particular, o por su error de ideas atentan contra los derechos de los demás; no es menos dispensarles su protección, si arrepentidos exigen indulgencia.

11-         Las cárceles no son un castigo sino el depósito que asegura al que deba recibirlo. Y ya quelas nuestras, por la educación, están muy lejos de equipararse a la policía admirable que brilla en los otros países cultos, hagamos lo posible para llegar a imitarles.

12-         Conozca el mundo que el genio americano abjura con horror los crueles hábitos de sus antiguos opresores, y que el nuevo aire de libertad que empieza a respirarse, extiende su benigno influjo a todas las clases del Estado.

13-         Lo que no me deja dormir es no la oposición que puedan oponer los enemigos sino el atravesar estos inmensos montes.

14-         El pueblo jamás e empieza a mover por raciocinio sino por hechos.

15-         Mi existencia la sacrificaría antes que echar una mancha sobre mi vida pública, que se pudiera interpretar por ambición.

16-         Toda conmoción popular tiene tres tiempos difíciles. En los momentos antes de la ejecución se suele pecar por imprudencia, en el acto de la ejecución por debilidad, y en los momentos posteriores por nimia o necia confianza. Por consiguiente, es fácil advertir que jamás deben dirigir un plan de revolución sino las personas más precisas y decididas, siendo el secreto su único misterio.

17-         La reputación del generoso puede comprarse muy barato; porque no consiste en gastar sin ton ni son sino en gastar con propiedad.

18-         Como hombre público y privado he tenido siempre derecho a ser creído.

19-         Pr inclinación y principios amo el gobierno republicano y nadie, nadie lo es más que yo.

20-         Mi sable jamás saldrá de la vaina por opiniones políticas.

21-         Las revoluciones abren un campo inmenso a la maledicencia, y sus principales tiros se dirigen principalmente contra los hombres que tienen la desgracia de mandar.

22-         El conocimiento exacto que tengo de América, me dice que un Wáshington o un Franklin que se pusiese a la cabeza de nuestros gobiernos, no tendría mejor suceso que el de los demás hombres que han mandado, es decir, desacreditarse  empeorando el mal.

23-         El mejor gobierno, no es el más liberal en sus principios sino aquel que hace la felicidad de los que obedecen empleando los medios adecuados a este fin.

24-         En mis providencias malas o buenas, jamás ha tenido parte la personalidad y sí, sólo el objeto del bien e independencia de nuestro suelo.

25-         En las guerras civiles el sistema de reputar enemigo al que no es de la misma opinión, es la ley suprema.

26-         Suponiendo que la suerte de las armas me hubiese sido favorable en la guerra civil, yo habría tenido que llorar la victoria con los mismos vencidos.

27-         La presencia de un militar afortunado (por más desprendimiento que tenga) es temible a los Estados que de nuevo se constituyen.

28-         Os ruego que aprendáis a distinguir los que trabajan por vuestro bien, de los que meditan vuestra ruina: no os expongáis a que los hombres de bien os abandonen al consejo de los ambiciosos.

29-         Deseo que todos se ilustren en los sagrados libros que forman la esencia de los hombres libres.

30-         No hay juez más parcial que el amor propio; si alguno tengo, es el de haber dirigido bien las operaciones de esta campaña.

31-         Los soldados de la patria no conocen el lujo, sino la gloria.

32-         Administrar recta justicia a todos, recompensando la virtud y el patriotismo, y castigando el vicio y la sedición en donde quiera que se encuentren, tal es la norma que reglará mis acciones.

33-         La seguridad individual del ciudadano y la de su propiedad deben constituir una de las bases de todo buen gobierno.

34-         Dios conserve la armonía, que es el modo de que salvemos la nave.35-         Estoy convencido que cuando los hombres no quieren obedecer la ley, no hay otro arbitrio que el de la fuerza.

36-         Miro como bueno y legal todo gobierno que establezca el orden de un modo sólido y estable.

37-         Buenos Aires ha principiado y sostenido con magnanimidad la grandiosa empresa de una Patria.

38-         La situación de este país es tal que al hombre que lo mande, no le queda otra alternativa que la de someterse a una facción o dejar de ser hombre público.

39-         La historia y la experiencia de nuestra revolución me han demostrado, que jamás se puede mandar con más seguridad a los pueblos que después de una gran crisis.

40-         Estoy firmemente convencido, que los males que afligen a los nuevos Estados de América no dependen tanto de sus habitantes como de las constituciones que los rigen. Si los que se llaman legisladores en América hubieran tenido presente, que a los pueblos no se les debe dar las mejores leyes, pero sí las mejores que sean apropiadas a su carácter, la situación de nuestro país sería diferente.

41-         El empleo de la fuerza, siendo incompatible con nuestras instituciones, es, por otra parte, el peor enemigo, que ellas tienen.

42-         Todo cálculo en revolución es erróneo; los principios admitidos como axiomas son, por lo menos, reducidos a problemas. Las acciones más virtuosas son tergiversadas y los desprendimientos más palpables son actos de miras secundarias; así es que no puede formarse un plan seguro, y al hombre justo no le queda otro recurso, en medio de las convulsiones de los Estados, que proponerse por parte de su conducta “obrar bien”: la experiencia me ha demostrado que ésta es el ancla de esperanza en las tempestades políticas.

43-         No soy de los que creen que es necesario dar azotes para gobernar, pero sí, el que las constituciones que se den a los pueblos estén en aptitudes y género de vida.

44-         Mi barómetro para conocer las garantías de tranquilidad que ofrece un país, las busco en el estado de su hacienda pública y, al mismo tiempo, en las bases de su gobierno.

45-         Un buen gobierno no está asegurado por la liberalidad de sus principios, pero sí por la influencia que tiene en la felicidad de los que obedecen.

46-         No se debe hacer promesa que no se pueda o no se deba cumplir.

47-         La marcha de todo Estado es muy lenta; si se precipita, sus consecuencias son funestas.

48-         Protesto a nombre de la independencia de mi patria no admitir jamás mayor graduación que la que tengo, ni obtener empleo público, y el militar que poseo renunciarlo, en el momento en que los americanos no tengan enemigos.

49-         No nos ensoberbezcamos con las glorias, y aprovechemos la ocasión de fijar la suerte del país de un modo sólido y tranquilo.

50-         La religiosidad de mi palabra como caballero y como general, ha sido el caudal sobre que han girado mis especulaciones.

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