1950. AÑO DEL LIBERTADOR GENERAL SANMARTÍN.

COMISIÓN NACIONAL LEY 13 661

EL LEGADO DE SAN MARTÍN

PENSAMIENTOS, MÁXIMAS Y SENTENCIAS

Los pensamientos, máximas y sentencias del Gran Capitán contenidos en esta publicación están extractados de las cartas y oficios que integran el “Archivo de los Documentos del General San Martín”, publicado por don Alejandro Rosa; la “Correspondencia del General San Martín”, recopilado por don Adolfo P. Carranza; documentos existentes en el Archivo General de la Nación, y otras fuentes de consulta igualmente responsables. “El Legado de San Martín” comprende al “conductor”, al “libertador” y al “pensador”; tres virtudes primordiales de la existencia, que conforman a su vez, de manera indivisible, la personalidad moral del libertador americano. Los pensamientos, máximas y sentencias brotados de la pluma de este enviado providencial, bajo el imperio de circunstancias diversas, poseen la frescura de la espontaneidad y están asistidos de la dimensión que proporciona el conocimiento de la vida y la fragilidad del corazón humano.

Ellos no constituyen el exponente de una atenta y cuidada faena literaria, pero representan las normas de una vida de excepción ,  consagrada a consolidar la dignidad del hombre, en base a los austeros principios con que acuñó la libertad de medio continente. San Martín no vivió para el fausto, ni escribió con vistas a la posteridad. Con respecto a lo primero, expresó un día, sobre “…poder seguir una vida independiente y retirada, ceñida a la sociedad de unos pocos y viejos amigos.”; con relación a lo segundo, Benjamín Vicuña Makenna le ha definido con maestría en su genial despreocupación de escritor. “Decía -ha expuesto- lo que necesitaba decir y nada más ni menos, pero lo decía a la carrera sin tropezón, “en lo montado”.

El general no cinceló las formas; trabajó a escoplo sus pensamientos rotundos y definitivos. No fue hombre de academias; vivió en los campamentos. Llegó para reunir, promover y lanzar hombres y pueblos a la emancipación. En estas páginas se descubren los hilos que formaron la urdimbre maravillosa de su vida y se obtienen los gérmenes esenciales de un auténtico conductor de almas, que efectuó sin énfasis su legado moral a las generaciones del porvenir. Conductor, estuvo en contacto con hombres de distintas categorías sociales; pasó por entre las filas de sus regimientos vencedores, y como “un instrumento accidental de la justicia”, distribuyó responsabilidades, asignó jerarquías y estructuró Estados.

Libertador, fue aclamado por multitudes jubilosas; se asomó a salones resplandecientes de pompas, perfumes y mujeres bellísimas; escaló las cimas del poder y repartió la gloria; mas, “agente del destino”, abdicó por propia voluntad todas las preeminencias y se marchó al ostracismo para “dejar a la voluntad de los pueblos la elección de sus gobiernos”. Pensador, moldeado en Epicteto, pero inclinado a Séneca, sintió aversión por el bullicio de las ciudades, amó la tranquilidad y suspiró por la existencia sencilla y agreste. En Mendoza vivió en una chacra, en Chile y en Perú en una quinta, en Buenos Aires en los aledaños, en Francia en la paz de Grand-Burg. Con querencias en las soledades, San Martín penetró en la inmortalidad.